Como todos los que nacimos en este país sabemos, ayer fue 20 de noviembre; fecha señalada en las memorias (que no en los calendarios). Pero no voy a hablar del protagonista de este día hace 33 años pues considero que ya tuvo suficiente con sus 40 años de gloria. Sin embargo, sí que voy a hablar de las aguilillas, o mejor dicho, gaviotillas que dejó anidadas y que llevan planeando como buitres sobre el panorama político y social desde que su papá caudillo les abandonó.
El otro día pongo los informativos y me encuentro con un representante de las juventudes del PP (siglas que también podrían atribuírse perfectamente al término "pijos-pseudodemócratas") diciendo entre alabanzas y aplausos de otros como él, que se avergonzaría de ser un joven de izquierdas hoy en día porque son todos unos "carcas" que siguen hablando del pasado, de la guerra y de la memoria histórica y sólo buscan abrir heridas.
Lástima no tener el don del teletransporte ya que en ese momento me hubiese gustado aparecer a su lado y comentarle un par de puntos que creo que se le escapan al hablar de esa forma tan descuidada. -Disculpe señor flequillito, ¿sabe usted que muchas de esas personas que vivieron la guerra y que después de ella fueron encarcelados, torturados o desaparecidos siguen estando vivos y, por tanto, formando parte del presente?. Y...sobre las heridas, ¿cree usted, señor flequillito, que las heridas de un niño que se queda sin padre y que no puede ir a visitarle a su tumba, o de una madre que aún vive con el recuerdo de su hijo encarcelado y apaleado, se abren o se cierran con una ley o con un debate?-Nadie cambiará ya el pasado que hace el presente.
Que yo sepa (y creo que no me equivoco), fueron ellos los que ganaron, se enriquecieron y siguen siendo ricos; fueron ellos los que tenían criados y siguen teniendo criados ( y con cofia, por supuesto); fueron ellos los que hicieron y dijeron lo que quisieron sin represiones y los que aún no las han sentido. Entonces, ¿de las heridas de quiénes estamos hablando?.
Las herida de ese niño o la de esa madre nunca se curaron. No obstante, intentaron cerrarlas continuando con sus vidas, dando siempre la espalda a los malos recuerdos y mordiéndose la lengua cuando era demasiado complicado esquivarlos. Sin embargo, son las arrogantes palabras y el tono despreocupado de aquellos para los que el pasado no es un problema en el presente los que siguen levantando ampollas. Su falta de respeto y de consideración hacia los que sufrieron y sufren sólo consigue abrir heridas en quienes, como yo, nacimos y vivimos sin tenerlas.
Llámeme "carca" si quiere, señor flequillito.






