viernes, 21 de noviembre de 2008

A propósito del 20-N y los flequillitos

Como todos los que nacimos en este país sabemos, ayer fue 20 de noviembre; fecha señalada en las memorias (que no en los calendarios). Pero no voy a hablar del protagonista de este día hace 33 años pues considero que ya tuvo suficiente con sus 40 años de gloria. Sin embargo, sí que voy a hablar de las aguilillas, o mejor dicho, gaviotillas que dejó anidadas y que llevan planeando como buitres sobre el panorama político y social desde que su papá caudillo les abandonó.

El otro día pongo los informativos y me encuentro con un representante de las juventudes del PP (siglas que también podrían atribuírse perfectamente al término "pijos-pseudodemócratas") diciendo entre alabanzas y aplausos de otros como él, que se avergonzaría de ser un joven de izquierdas hoy en día porque son todos unos "carcas" que siguen hablando del pasado, de la guerra y de la memoria histórica y sólo buscan abrir heridas.

Lástima no tener el don del teletransporte ya que en ese momento me hubiese gustado aparecer a su lado y comentarle un par de puntos que creo que se le escapan al hablar de esa forma tan descuidada. -Disculpe señor flequillito, ¿sabe usted que muchas de esas personas que vivieron la guerra y que después de ella fueron encarcelados, torturados o desaparecidos siguen estando vivos y, por tanto, formando parte del presente?. Y...sobre las heridas, ¿cree usted, señor flequillito, que las heridas de un niño que se queda sin padre y que no puede ir a visitarle a su tumba, o de una madre que aún vive con el recuerdo de su hijo encarcelado y apaleado, se abren o se cierran con una ley o con un debate?-Nadie cambiará ya el pasado que hace el presente.

Que yo sepa (y creo que no me equivoco), fueron ellos los que ganaron, se enriquecieron y siguen siendo ricos; fueron ellos los que tenían criados y siguen teniendo criados ( y con cofia, por supuesto); fueron ellos los que hicieron y dijeron lo que quisieron sin represiones y los que aún no las han sentido. Entonces, ¿de las heridas de quiénes estamos hablando?.

Las herida de ese niño o la de esa madre nunca se curaron. No obstante, intentaron cerrarlas continuando con sus vidas, dando siempre la espalda a los malos recuerdos y mordiéndose la lengua cuando era demasiado complicado esquivarlos. Sin embargo, son las arrogantes palabras y el tono despreocupado de aquellos para los que el pasado no es un problema en el presente los que siguen levantando ampollas. Su falta de respeto y de consideración hacia los que sufrieron y sufren sólo consigue abrir heridas en quienes, como yo, nacimos y vivimos sin tenerlas.

Llámeme "carca" si quiere, señor flequillito.

martes, 18 de noviembre de 2008

Comienzo de una historia

La noche era cálida y apacible, de esas de principio de primavera en las que sólo dan ganas de estar en la calle y celebrar el final del frío. Tras haber invertido todo su capital en antros malasañeros, sus amigas y ella, embriagadas de alcohol y tonterías, decidieron coger el autobús nocturno para volver a casa.

Las risas continuaron en el búho acrecentadas por las curvas y por los peculiares usuarios del transporte público para trasnochadores, que como es de imaginar, daban pie a ese grupo de locas para seguir comportándose como tal.

Entre carcajadas, su mirada se cruzó con la de un chico. De repente, su estómago se partió atravesado por una especie de látigo y sintió algo que no le había ocurrido hasta entonces. "Tengo que conocerle como sea", pensó. Nunca antes había estado tan convencida de algo sin tener ningún motivo para ello, pero sabía que si esta vez no seguía sus impulsos, se arrepentiría de ello el resto de sus días.

Su parada ya había llegado, debía bajarse del autobús y todavía no había hecho nada. Empujada por la cerveza, comenzó, sin saber porqué, a aporrear las ventanas del bus para intentar comunicarse con aquel chico, que aún permanecía dentro. Su método surtió efecto y, además de conseguir que el chico la respondiese atónito, hizo que todo el que presenció la escena se sintiera un poco abochornado por el lunático comportamiento de la chica.

La noche había acabado ya y de una forma bastante surrealista. Impulsada por un súbito pálpito había hecho el ridículo sin que la importara y, para colmo, se sentía contenta consigo misma por ello. Y tampoco sabía porqué, pero presentía que aquella noche sería el principio de una larga historia...

lunes, 17 de noviembre de 2008

Adiós a la Cárcel de Karabantxel


El pasado mes de octubre comenzaron a derrumbar la cárcel sin el consentimiento de los habitantes de la zona y a pesar del recurso de las asociaciones de vecinos del barrio ante el Ayuntamiento, que pedían que se conservase la cúpula en homenaje a todos los presos políticos que vivieron y murieron entre sus rejas y que con el sudor de su frente la levantaron forzadamente.

La cúpula ya ha sido derribada, y con ella, un símbolo de nuestro barrio. Lo más triste de todo es que sobre sus restos se levantarán pisos ( sobre cuyo suelo se especulará), y dentro de tres generaciones los niños que vivirán en ellos no sabrán que allí se mató a personas que lucharon por defender la libertad.

Dicen que la historia debe recordarse para no volver a repetirse. Quizás quieran lo contrario los que tanta prisa se dan en tirar símbolos de la represión para llenarse los bolsillos. En fin...Por lo menos,los que crecimos jugando en las tapias de la cárcel la recordaremos.